Un ACV isquémico y uno hemorrágico pueden empezar igual: la cara que se desvía, un brazo que no responde, una frase que no sale. Ante cualquiera de esas señales hay que ir de inmediato a un servicio de urgencia, porque el tiempo que pasa hasta la atención cambia el pronóstico.
Algunos tipos de ACV entran en una garantía GES. De eso depende cuánto copago debes asumir y qué parte de la cuenta queda para tu seguro catastrófico.
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En 2021 hubo 29.542 egresos hospitalarios por ACV en Chile, según el Ministerio de Salud. Ese mismo año se registraron 7.501 muertes por esta causa.
Puesto en proporción, por cada persona que falleció, casi cuatro fueron dadas de alta después de una hospitalización. Todas esas hospitalizaciones dejan una cuenta de clínica, termine el paciente con el alta o no.
Entre 2010 y 2020, la tasa de mortalidad por esta enfermedad grave bajó de 52,1 a 40,8 por cada 100.000 habitantes en nuestro país (Revista Andes). Por lo tanto, sobrevivir es hoy más probable, y con eso crece el peso de lo que viene después: días de cama, rehabilitación y controles.
No de la misma forma. El GES tiene garantías para dos cuadros específicos: el ACV isquémico en personas de 15 años y más, y la hemorragia subaracnoidea causada por la rotura de un aneurisma cerebral.
El ACV isquémico se produce cuando algo, como un coágulo, bloquea una arteria del cerebro. Es el más común: cerca del 85% de los casos, según una revisión publicada en la Revista ANACEM. Para este cuadro, el GES garantiza confirmación diagnóstica dentro de 72 horas, hospitalización en un centro con capacidad resolutiva dentro de 24 horas y control con especialista 10 días después del alta (Minsal).
El ACV hemorrágico, por otra parte, ocurre cuando un vaso sanguíneo se rompe y sangra dentro del cerebro o a su alrededor. Si el origen es un aneurisma roto, la garantía aplica a cualquier edad y con plazos más cortos. La hemorragia debe confirmarse con escáner dentro de 24 horas y el aneurisma en las 48 horas siguientes. El tratamiento se hace dentro de las 24 horas posteriores, según información de la Superintendencia de Salud.
Por eso, el tipo de ACV lo define el escáner, no los síntomas.
Un seguro de salud cubre la parte de los gastos que tu Isapre o Fonasa no alcanza a pagar, según los deducibles y topes del plan contratado. En un ACV, esos gastos se concentran en la hospitalización: días cama, unidad de cuidados intensivos, honorarios médicos, procedimientos y medicamentos administrados durante la estancia.
La hospitalización no es opcional en este cuadro. La guía clínica del Minsal establece que toda persona con un ACV agudo confirmado debe hospitalizarse de inmediato, en una unidad especializada.
Según el caso, puede incluir cuidados intensivos, un tratamiento médico farmacológico, una trombectomía para retirar el coágulo o la cirugía para cerrar un aneurisma roto.
Un ACV se resuelve en horas, pero cuánto pagas por él se define mucho antes: en el plan que elegiste, los topes que aceptaste y los prestadores que quedaron como preferentes.
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