¿Te ha pasado que te sientes más cansado de lo normal, se te hinchan los pies o notas cambios al orinar… y no sabes si es algo pasajero o una señal de alerta? Los problemas renales muchas veces avanzan en silencio. Y ese es, justamente, el mayor riesgo.
De hecho, en Chile las guías GES advierten que la enfermedad renal crónica puede avanzar sin síntomas en sus primeras etapas y detectarse sólo con exámenes de sangre y orina.
Antes de hablar de síntomas, vale la pena responder una pregunta básica: ¿cuál es la función de los riñones?
Los riñones filtran la sangre, eliminan desechos a través de la orina y regulan el equilibrio de agua, sales y presión arterial. También participan en la producción de hormonas que influyen en los glóbulos rojos y la salud ósea.
Cuando su función se altera -ya sea de forma aguda (en días) o crónica (por meses- pueden aparecer consecuencias que afectan todo el organismo.
Uno de los mayores desafíos es que los síntomas de problemas en los riñones no siempre son específicos. Pueden confundirse con cuadros cardíacos, metabólicos o incluso digestivos.
Señales más frecuentes:
Orinar menos de lo habitual (oliguria) o notar cambios bruscos en la cantidad.
Hinchazón en pies, tobillos o manos.
Falta de aire asociada a retención de líquidos.
Náuseas, vómitos o pérdida de apetito.
Cansancio persistente.
Presión arterial difícil de controlar.
Orina espumosa (puede indicar pérdida de proteínas).
Sangre en la orina.
Hay situaciones que no conviene postergar:
Dejas de orinar o disminuye drásticamente.
Tienes hinchazón intensa y falta de aire.
Presentas confusión o decaimiento severo.
Hay deshidratación importante por vómitos o diarrea.
Estos cuadros pueden corresponder a una lesión renal aguda, definida como un deterioro rápido de la función renal.
Si estás pensando cómo cuidar los riñones, no necesitas fórmulas mágicas ni drásticas. Necesitas constancia.
Algunas acciones que puedes llevar a cabo:
Controlar tu presión arterial.
Mantener tu glicemia en rangos saludables.
Evitar la automedicación prolongada (especialmente antiinflamatorios).
Hidratarte bien, sobre todo si estás enfermo.
No suspender medicamentos sin supervisión médica.
Cuando la enfermedad renal progresa, pueden ser necesarios tratamientos de mayor complejidad como hospitalizaciones prolongadas, terapias especializadas o incluso diálisis. En esos momentos, además del impacto emocional, aparece otro factor: el financiero.
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En un escenario como una enfermedad renal avanzada, donde pueden existir hospitalizaciones o tratamientos prolongados, contar con un respaldo hace la diferencia. Es una decisión que te ayudará a enfrentar situaciones difíciles con más tranquilidad.
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