Sentir dolor en las articulaciones es una de las consultas de salud más frecuentes, especialmente a partir de los 40 años. Muchas personas usan indistintamente los términos artritis y artrosis, pero aunque suenan parecido, no significan lo mismo ni se tratan igual.
Entender la diferencia entre artritis y artrosis no solo ayuda a interpretar mejor un diagnóstico médico, sino que también permite actuar a tiempo, evitar el avance del daño articular y tomar decisiones informadas sobre tratamientos y cobertura de salud.
La artrosis (u osteoartritis) es una enfermedad degenerativa y crónica, causada por el desgaste progresivo del cartílago que recubre las articulaciones. Con el tiempo, este tejido pierde su capacidad de amortiguación, generando fricción entre los huesos y provocando dolor, rigidez y pérdida de movilidad.
A diferencia de otras enfermedades articulares, la artrosis no es inflamatoria ni autoinmune, y suele aparecer de forma gradual, especialmente en rodillas, caderas, columna y manos.
Entre los principales síntomas de artrosis se encuentran:
Dolor articular que empeora con el movimiento y mejora con el reposo
Rigidez breve al levantarse o después de estar sentado
Disminución del rango de movimiento
Crujidos articulares
Deformaciones óseas en etapas avanzadas
Estos síntomas suelen avanzar poco a poco, pero pueden afectar de forma importante la calidad de vida si no se manejan adecuadamente.
La artritis no es una sola enfermedad, sino un conjunto de más de 100 trastornos caracterizados por la inflamación de una o más articulaciones. Puede tener múltiples causas: autoinmunes, infecciosas o metabólicas, como ocurre en la artritis reumatoide o la gota.
A diferencia de la artrosis, la artritis:
Puede aparecer a cualquier edad
Produce inflamación visible, calor y enrojecimiento
Genera rigidez matinal prolongada (más de 30 minutos)
En algunos casos afecta otros órganos del cuerpo
Por eso, aunque ambas causan dolor articular, la diferencia entre artritis y artrosis está en su origen, evolución y tratamiento.
Aunque la artrosis no tiene cura, sí es posible frenar su avance y reducir el dolor con un enfoque integral. Saber cómo frenar la artrosis implica combinar hábitos saludables, tratamiento médico y seguimiento oportuno.
Los ejercicios para la artrosis, especialmente de bajo impacto, son fundamentales para:
Fortalecer los músculos que protegen la articulación
Mantener la movilidad
Reducir el dolor
Se recomiendan actividades como caminar, natación, bicicleta estática y ejercicios guiados por kinesiólogo.
Otras medidas clave incluyen:
Mantener un peso saludable
Evitar sobrecargas articulares
Usar analgésicos y antiinflamatorios bajo indicación médica
Kinesioterapia y uso de órtesis cuando corresponde
Las enfermedades articulares como la artrosis o la artritis no siempre se mantienen en un plano ambulatorio. En etapas más avanzadas, o frente a complicaciones, pueden requerir hospitalización, cirugías traumatológicas, manejo del dolor, uso de medicamentos y períodos de recuperación prolongados.
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